sábado, 4 de septiembre de 2021

Filosofía de la taxonomía biológica

(Ciencias de Joseleg) (Biología) (Teoría de la Biología) (Taxonomía) (Introducción) (Filosofía de la taxonomía) (Preguntas y problemas de la taxonomía)  (Los 3 reinos)  (El sistema lineano)  (Impacto de la taxonomía lineana)  (Los 5 reinos)  (Los 3 dominios)  (El problema de la especie)  (Las definiciones de especie)  (Complejos de especies)  (Nombres de las especies)  (Estructura y partes de un dendrograma)  (Homologías, analogías, homoplasias)  (Introducción al análisis filogenético) (El concepto de raza en el ser humano) (Referencias bibliográficas)

 

 La lengua, el lenguaje, el idioma y los mecanismos de comunicación son un aspecto fundamental en los seres humanos, Sin embargo, el modo en que un grupo de personas designa unas cosas puede diferir muy fuertemente del modo en que otras personas designan ese mismo tipo de cosas. Existen diferentes lenguas, y por lo tanto diferentes formas de ver el mundo. El lenguaje es también una entidad abstracta que permite designar cosas por medio de nombres comunes o específicos para distinguir alguna propiedad.

Cuando los filósofos naturales empezaron a entrar en contacto con diferentes culturas encontraron tres problemas fundamentales a ser resueltos.

·       Los mismos animales y plantas tenían diferentes nombres en diferentes culturas

·       Existían animales que no tenían un nombre en el lenguaje nativo del filósofo natural

·       Que los seres vivos parecían agruparse en tipos o grupos fundamentales, como mínimo o plantas o animales

Los nombres comunes o locales permanecieron por mucho tiempo debido a la falta de comunicación y exploración, prueba de ello es la sencillez de los sistemas de clasificación, y su aparente falta de un criterio clasificatorio homogéneo. ¿Cómo dividir a los animales?, salvajes o domésticos, fieras y mansos?, ¿útiles para la comida, el transporte, la caza?  El que un sistema de clasificación sea arbitrario no implica que sea caótico, y que un sistema no sea científico tampoco implica que no esté en uso. Uno de los sistemas de clasificación más comunes es el de los animales domésticos y el de las fieras, los cuales pueden tener múltiples subgrupos que obedecen al capricho o arbitrio de la autoridad que los crea.

Estos y muchos otros problemas son los afrontados por la taxonomía, que es la rama de la biología que se encarga de la clasificación de los seres vivos en general. Es una ciencia motil, llena de confusiones entre lo abstracto y lo tangible y que está directamente influida por el modo en que la persona construye y concibe su propio mundo. Tanto así, que algunas personas pueden llegar a oponerse a ella en base a criterios religiosos.

Según la Biblia, Adan fue encargado de ponerle nombre a todos los animales del jardín del Edén, este mito junto con el de la torre de Babel dan cuenta de la importancia del lenguaje como una forma de concebir el mundo aun desde tiempos antiguos.

Figura 1.  Según la Biblia, Adan fue encargado de ponerle nombre a todos los animales del jardín del Edén, este mito junto con el de la torre de Babel dan cuenta de la importancia del lenguaje como una forma de concebir el mundo aun desde tiempos antiguos.

En la biblia se menciona que Dios creó a los seres vivos según “su género” o “su especie” dependiendo de la traducción. Sin embargo, esto no define que es el “su género” o “su especie”. Más aun, muchos confunden el nombre de especie con el de una categoría de clasificación más general. Un ejemplo es llamar a las uvas como una especie de planta, pues actualmente se reconoce que existe una amplia diversidad de plantas, todas relacionadas entre sí, que producen uvas. Los seres vivos se pueden clasificar en tipos más generales, y este detalle ya era reconocido por los filósofos antiguos. Este detalle puede ser abordado por la idea de las categorías platónicas. Según esta aproximación, los seres vivos obedecen a un ideal o TIPO arquetípico, este ideal se ve alterado en el mundo material, entonces el TIPO general obedece a una especie de plano ideal que produce uvas ideales, mientras que todas las demás especies son solo modificaciones de este tipo debido a la imperfección del mundo material (Kutschera & Niklas, 2004).

Una vez que alguien abraza el pensamiento tipológico lo usará para clasificarlo todo, no solo a los animales y plantas, también a las personas, asumirá entonces que una cultura se reduce a unas características A, B y C, llevando a la generación de estereotipos racistas. Las poblaciones culturales operan del mismo modo que las biológicas, ¡pero con más variación!, existen muchos individuos diferentes dentro de una cultura.

Figura 2.  Una vez que alguien abraza el pensamiento tipológico lo usará para clasificarlo todo, no solo a los animales y plantas, también a las personas, asumirá entonces que una cultura se reduce a unas características A, B y C, llevando a la generación de estereotipos racistas. Las poblaciones culturales operan del mismo modo que las biológicas, ¡pero con más variación!, existen muchos individuos diferentes dentro de una cultura.

Este tipo de pensamiento se caracteriza por ser fijo “el TIPO ideal nunca cambia” y por lo tanto tipológico (Mayr, 1996, 2000; Zachos, 2016), es decir los tipos son los que son, sin que exista contacto entre ellos, ambigüedades o cosas extrañas. En oposición a ello la biología moderna aboga "aunque infructuosamente para la mayoría de los NO expertos" por el pensamiento de poblaciones, en la que no existe un tipo ideal establecido, solo una población variable genéticamente relacionada entre sí.

En ocasiones existen individuos presentan criterios morfológicos, que se supone, no debería tener su grupo de clasificación.

Figura 3. En ocasiones existen individuos presentan criterios morfológicos, que se supone, no debería tener su grupo de clasificación.

Un buen ejemplo es el pensamiento tipológico de la raza (Andreasen, 1998; Mayr, 1984; Wolpoff & Caspari, 1997; Zack, 2002), generalmente asociamos el carácter ojos azules a las poblaciones provenientes del norte y centro de Asia que invadieron Europa cerca de la mitad del primer milenio después de Cristo y que han venido a ser denominados bajo el tipo caucásico. Sin embargo, este carácter puede estar presente en otras así llamadas razas como los así llamados Negros, y el cabello rubio tampoco es exclusivo de Europa. El concepto de raza en los seres humanos ya no es empleado por la biología (Long & Kittles, 2009; Marks, 2001; McCann-Mortimer, Augoustinos, & LeCouteur, 2004; Nielsen, 2015; Templeton, 2013).

En el pensamiento tipológico una especie se define en base a los criterios morfológicos A, B, C. En el pensamiento de poblaciones una especie se define en base a su capacidad reproductiva, donde los criterios A, B, y C pueden estar presentes como marcadores relativamente confiables de identificación rápida para la mayoría de los individuos de la especie, pero que en ocasiones existen individuos que no presentan alguna o ninguno de los criterios morfológicos A, B o C. El paso de una taxonomía fija a una taxonomía dinámica ha sido uno de los cambios de perspectiva más duros y emblemáticos de toda la historia de la biología.

Cuando Galileo afirmó que la mejor forma de explicar los patrones de luminosidad de la superficie de la luna podría ser explicados asumiendo que la luna posee montañas y valles como los que tiene la tierra, él estaba empleando un proceso de inferencia lógica que no era nuevo para las ciencias naturales de su tiempo, pero que se ha convertido en uno de los fundamentos del proceso científico moderno. En el párrafo anterior puede observarse una clara distinción en como creemos que opera la ciencia y como es la ciencia realmente. De cierta forma esperamos que la ciencia y el científico sean algo directo, observable de manera evidente en sí misma, de exista un objeto A y un observador B, entonces B observa directamente a B y lo conoce, y lo manipula (Kuhn, 1970).

Sin embargo, esta perspectiva no encaja con el ejemplo del primer párrafo, pues allí aparecen palabras “incomodas” para el que piensa que la labor del científico es la observación directa de las cosas. Una de esas “palabras peligrosas” es asumir, a muchos les molesta que la ciencia y los científicos arriesguen tanto en presunciones, sin embargo, estas son presunciones informadas. La historia de la ciencia está plagada de este tipo de presunciones, por ejemplo, todo el modelo cuántico moderno se basó en la presunción de un sistema matemático que operaba en base a una constante de proporcionalidad que no era otra que un valor que había encontrado un científico llamado Max Planck. Planck trabajaba acerca de cómo era absorbida la energía por un cuerpo negro, hasta entonces la explicación preponderante se basaba en la teoría de Newton en la cual todo cambio en la naturaleza era continuo, sin cambios bruscos, una partícula se movía solo un poco de su posición anterior cada instante. Sin embargo, cuando Planck hizo sus cálculos encontró con que las cosas no cuadraban (DeYoung, 1998).

Para quien piensa que la ciencia opera  “A B”, es decir que la naturaleza se deja conocer de manera directa, esta historia plantea el problema de que, el investigador no podía explicar el fenómeno, ni desde sí mismo, ni desde las explicaciones previas. Planck “asumió” un modelo diferente al de Newton, mientras que para Newton y sus seguidores las cosas cambiaban de a pocos “cambio continuo”, Planck decidió “asumir (palabra peligrosa)” que las cosas cambiaban de forma discreta, a saltos, o en cantidades fijas no continuas, en cuantos de allí el nombre de cuántica a toda la rama de la física”. Sus trabajos conllevaron a la descripción de la constante de los saltos cuánticos que lleva su nombre. Nuevamente tenemos el caso de que el científico asumió una explicación y la enfrentó contra la experiencia (DeYoung, 1998).

Lo anterior implica que el proceso científico opera con un elemento extra que llamaremos C, el modelo. La naturaleza es percibida por el investigador de acuerdo a un modelo C, que debe corresponder con los fenómenos medidos. Si C o corresponde a nuevas medidas entonces o se reformula o se cambia por un nuevo C, un nuevo modelo. Con la taxonomía pasa algo semejante, los seres vivos no vienen con una etiqueta de a qué tipo pertenecen (Kuhn, 1970). Somos los seres humanos quienes inventamos modelos de representación que nos sirven para organizar la variedad de seres vivos que nos rodean. La taxonomía es pues, al menos en sus orígenes un modelo del lenguaje que se basa en criterios utilitarios. Esta organización, este modelo esculpen nuestra representación del mundo natural, por ejemplo, si alguien en su modelo mental piensa que las uvas son una especie, encontrará chocante saber que actualmente se considera la existencia de varias especies diferentes de uva (Aradhya et al., 2013; Keller, 2003; Wan et al., 2013). No va a cambiar su etiqueta mental, sino que intentará acomodar a la fuerza esta información desacuerdo a su construcción de mundo, a esto se lo denomina sesgo de confirmación (Klayman, 1995).

La taxonomía desde la perspectiva de las ciencias naturales es un modelo de realidad, que actualmente se basa en el criterio de la filogenética evolutiva, es decir, la clasificación obedece al intento de reconstruir las afiliaciones de los grupos de acuerdo a su semejanza estructural o ultraestructural, idealmente al nivel del ADN para así aproximarse a su historia evolutiva. De acuerdo a lo anterior, alguien que no acepte como valido el modelo evolutivo, no aceptará el modo en que se clasifican y reclasifican los seres vivos, y además encontrará el modo en que esta ciencia cambia un poco caótico.

La ciencia dice una cosa hoy y otra diferente mañana (Horwich, 1993). Eso es porque nada es un dogma, y cualquier cosa puede cambiar siempre que esto sea el consenso de los expertos en la materia. Los modelos de representación de los fenómenos que son nuestras lupas para interpretar la realidad deben ajustarse continuamente para poder tomar cuenta de los nuevos descubrimientos. Que la ciencia diga una cosa hoy y otra mañana no es su debilidad, por el contrario, es su gran virtud, esto la hace revolucionaria, el modelo que propone un científico puede cambiarse, perfeccionarse, crecer o morir con el paso del tiempo, sin que ello provoque conflictos o guerras. De todas las ciencias, una de las que cambia con más constancia es la taxonomía, el modo en que clasificamos a los seres vivos cambia todo el tiempo, debido a que constantemente se descubren nuevas especies, o a que se refinan los métodos por medio de los cuales somos capaces de establecer relaciones de parentesco entre los seres vivos. Más aun, algunos grupos pueden ser tan difíciles de clasificar que, en un momento dado se puede tener evidencia no concordante de su pertenecía a grupos diferentes.

La taxonomía es una ciencia histórica, pues sus raíces se remontan a cualquier civilización que la que se hubiere puesto un nombre a un animal, y que hubiere agrupado a varias especies de animales en una u otra categoría. Sin embargo, debido a lo clásico de la educación en esta serie de artículos abordaremos el esquema eurocéntrico, y por lo tanto comenzaremos con los griegos clásicos y helenísticos a la cabeza del gran Aristóteles y sus infames Tres Reinos de la Naturaleza. Para explicar cómo cambia la taxonomía emplearemos el concepto de paradigma de Kuhn (1970), aunque extendiéndolo un poco hasta el periodo clásico donde aún no podemos emplear el concepto de ciencia tal como lo empleamos actualmente.

Las clasificaciones taxonómicas cambian mucho. Este es un problema en niveles de educación secundaria, ya que no hay un marco homogéneo de trabajo entre los libros de texto, y las fuentes de internet como Wikipedia. Para poder entender estas diferencias, el estudio de la historia de la taxonomía se convierte en algo fundamental. Por lo anterior primero realizaremos un análisis historiográfico de la taxonomía en el pensamiento occidental, desde el sistema aristotélico de los tres reinos hasta el acuerdo moderno de los tres dominios.

 

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